• Cannabis Activa Olavarria
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A través de una convocatoria de la Secretaria de Ciencia, Arte y Tecnología de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, un grupo de profesionales logró presentar el primer proyecto interdisciplinario de cultivo de cannabis experimental en Olavarría.

“Decidimos presentar algo a lo que no nos veníamos animando: meter el cultivo en la facultad”, dice el Dr. Gastón Barreto, profesor adjunto de UNICEN e investigador adjunto del CONICET.

Con antecedentes en la investigación y en la divulgación, los creadores del proyecto mantienen una mirada holística y cuentan con cuatro patas fundamentales: la Facultad de Ingeniería, la Facultad de Ciencias Sociales, la organización Cannabis Activa Olavarría y la clínica María Auxiliadora.

El proyecto

Desde lo social, el proyecto tiene un abordaje antropológico ligado al relevamiento del uso del cannabis medicinal y al seguimiento de la relación entre médicos y pacientes.

A su vez, desde lo experimental, analizarán cuáles son las mejores condiciones para las variedades de cultivo y brindarán información para que los usuarios puedan sostenerlos. Asimismo, tiene como finalidad reconocer formalmente el trabajo de los cultivadores.

“Esperamos el momento. Vimos a mitad de año que era el indicado, que se venía la reglamentación nacional. Teníamos borrador en mano y esta aprobación puso en otro escenario social la proyección de abastecimiento”, continúa Barreto.

Por caso, el proyecto busca estandarizar los cultivos y democratizar información.

“Queremos que aporte datos para la gente”, sugiere.

Un indoor dentro de la facultad

En esa búsqueda, están postulando dos variedades de cultivo que están siendo usadas terapéuticamente en su región.

“Vamos a meter un indoor dentro de la facultad”, desliza.

¿Suena potente, no? Va de nuevo para reforzar el asunto y solo por el placer de leerlo otra vez: “Vamos a meter un indoor dentro de la facultad”.

El cultivo indoor estará alojado en una habitación de 3×3 metros. Y funcionará para que el equipo genere datos, condiciones de cultivo, composiciones químicas de los productos utilizados y diversos protocolos de aplicación.

“Queremos bajar data lo más rápido posible y sistematizar la información que tiene la clínica. Ellos pondrán a disposición los historiales de los pacientes. El proyecto le daría el soporte para socializar eso”.

Y sigue: “Trabajar cerca de la clínica es central para que los datos que aportamos estén dentro de la base del uso empírico, con seguimiento dentro del personal de la salud”.

—¿Qué significa que haya un cultivo experimental dentro de la universidad pública?

—En función del recorrido, para mí significa mucho. Siempre me atrapó el tema por la legitimidad. De pronto, una universidad nos aprobó un cultivo. Lo más importante es el acompañamiento para cultivar. La asociación civil, que sabe cultivar, la misma gente que se puso la mochila de acompañar lo terapéutico, ahora va a estar en la universidad como una pata más. Este es un cambio de paradigma desde la práctica y la construcción de datos científicos.

La fecha: febrero

El proyecto empezará a ejecutarse a partir del 1 de febrero de 2021, que es cuando le liberarán los fondos (unos 80.000 pesos) destinados a la compra de focos y sustrato.

“El proyecto generó un buen impacto, ya hay gente interesada. Que el cultivo esté formalizado sirve para negociar cosas y conseguir insumos. Hay un cambio de paradigma en todo sentido. Al menos en el arranque”, advierte Barreto.

Por estos días, el grupo de profesionales está decidiendo el lugar físico donde se emplazará el cultivo experimental, pero simbólicamente quieren que sea dentro de la universidad.

“El plan A es un container. El plan B, algún cerramiento en seco”, desliza.

Cultivo experimental, ¿y después?

Desbordado de contento, Barreto sabe que el secreto del éxito del proyecto está en su interdisciplinariedad. Y lo evidencia en sus palabras, que resuenan también como un pedido: “Es lo que necesita el sistema científico”.

Ahora, ¿por quiénes está integrado ese grupo? “Es bien diverso, porque hay químicos, administrativos, antropólogos, médicos y más. Está buena la conformación del equipo. Y nos llevó mucho tiempo conformarlo”.

Entre las nuevas ventanas que abre este cultivo experimental con aval universitario aparece un incipiente interés de la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos de Medicamentos (ANLAP) “A ellos les copó la idea para escalar la producción local”, reconoce.

Y, por lo visto, ya se aventuran nuevos acuerdos de participación.

“Tratamos de provocar discusiones para que se generen cosas”, concluye Barreto.

Fotos de cortesía.

 

FUENTE: EL PLANTEO

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