• Cannabis Activa Olavarria
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La agenda de Josefina está cargada “casi como la de una adolescente”, bromea la mamá. Alterna los turnos de kinesiología y fonoaudiología con pileta y equinoterapia. Va a terapia ocupacional y tres veces a la semana al jardín de infantes. “Le gusta estar con los otros nenes, compartir, le encanta la música, a nosotros nos hace felices, nos da vida, ella disfruta de su día a día, ríe con su hermano (Facu, tiene 10 años, “su ángel de la guarda”, dice). El cannabis nos devolvió eso, poder avanzar cada día como familia, el poder estar en casa”.

Es que María Laura Alasi y Fernando Vilumbrales no estaban en casa. Vivían en el hospital, o estaban yendo o viniendo del hospital. En cualquier momento tenían que salir corriendo en busca de atención para su hija Josefina. La nena, con apenas meses de vida, sufría hasta 700 convulsiones por día, espasmos, era un manojo de nervios, no tenía momentos de tranquilidad, se apretaba la cara, se mordía las manos, aun cuando los médicos habían atacado el cuadro de epilepsia refractaria que le habían diagnosticado, conocido como Síndrome de West, con un arsenal de medicamentos que configuraban un enorme contrasentido: tomándolos podría contraer otras enfermedades, perder la vista, hasta perder la vida.

 

"Josefina no tenía fuerza ni para sostener su cabeza, y el cambio fue maravilloso", dicen los papás.

Cuando la nena tenía dos años, sus papás oyeron sobre el aceite de cannabis, un extracto concentrado de la planta de marihuana, y comenzaron a investigar.

¿Pero cómo le vas a dar droga a tu hija?, los criticaban cuando comenzaron a investigar de qué se trataba. Aunque... más de la que le estaban recetando en los consultorios. Tras la sanción de la ley que resolvió permitir el uso de medicinal del cannabis, el Estado hizo poco y nada. Al convertirse en legal, la demanda creció, pero en el país no se produce, no se importa y prohíbe el autocultivo para poder fabricar aceite casero.

A los pocos días de estar tomando aceite, ocurrió un nuevo comienzo. “Cambió su semblante y se conectó con nosotros. Nos dio calidad de vida”, dice María Laura.

“Esta enfermedad arrasa con todo el organismo, ella no tenía fuerza ni para sostener su cabeza, y el cambio fue maravilloso, lo notamos con el aceite de cannabis casero que elaboramos nosotros”. Lo hicieron con un par de plantas que les habían regalado, ayudados con tutoriales de YouTube. “Ella tomaba seis anticonvulsionantes distintos. Lloraba angustiada, estaba nerviosa, no podía estar tranquila, teníamos a nuestra hija pero no podíamos conectarnos con ella”, recuerda la mamá maestra jardinera en el mismo jardín al que va Josefina, en Villa Gesell.

 

Fuente : Clarín

 

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